20 noviembre, 2019 09:55



SEGÚN LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD

¿Cuáles son las 10 amenazas a la salud que enfrenta el mundo en 2019?

Desde brotes de enfermedades que podrían prevenirse a través de vacunas, como el sarampión, pasando por la resistencia antimicrobiana, hasta el incremento de las tasas de obesidad y el cambio climático, el organismo elaboró un plan estratégico quinquenal que los gobiernos e instituciones deberían poner en marcha

 

 

El mundo se enfrenta a múltiples retos en salud, que van desde brotes de enfermedades prevenibles por vacunación como el sarampión y la difteria, el aumento de los reportes de patógenos resistentes a los medicamentos, el incremento de las tasas de obesidad y de sedentarismo hasta los efectos en la salud de la contaminación ambiental y el cambio climático y las múltiples crisis humanitarias.

Para hacer frente a estas y otras amenazas, en 2019 comienza  del nuevo plan estratégico quinquenal de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se enfoca en un objetivo de tres mil millones de personas: asegurar que mil millones más de personas se beneficien del acceso a la cobertura de salud universal, que otras mil millones de personas estén protegidas de emergencias de salud y que mil millones más disfruten de mejor salud y bienestar. Alcanzar este objetivo requerirá abordar las amenazas a la salud desde una variedad de ángulos.

“Es necesario, en relación al informe publicado por la OMS, ofrecer una mirada sociológica y sin duda política, ya que los efectos de lo que nos está alertando este organismo no son ajenos en absoluto a las voluntades de los seres humanos”. Para el magister Pablo Rivarola, decano de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Siglo 21, “muchos años atrás se identificaban enfermedades sobre las que no había un conocimiento científico ni epidemiológico acabado y sobre las cuales la población debía alertarse y prevenirse”.

Si bien estas situaciones pueden producirse nuevamente, “¿qué sucede con aquello que ya se conoce?”, se preguntó el especialista sobre, por ejemplo, la contaminación ambiental, una de las amenazas señaladas por el organismo.

La contaminación del aire es el mayor riesgo ambiental para la salud, según la OMS (Shutterstock)

“Nueve de cada diez personas respiran aire contaminado todos los días. En 2019, la OMS considera que la contaminación del aire es el mayor riesgo ambiental para la salud. Los contaminantes microscópicos en el aire pueden penetrar los sistemas respiratorios y circulatorios, dañando los pulmones, el corazón y el cerebro, matando a 7 millones de personas en forma prematura cada año por enfermedades como el cáncer, los accidentes cerebrovasculares, las enfermedades cardíacas y pulmonares”, marcó la OMS.

“Tampoco desconocemos el impacto de las enfermedades no transmisibles, con una tasa de mortalidad altamente elevada en la población. La diabetes, el cáncer y las enfermedades cardíacas son responsables de más del 70% de las muertes anuales en todo el mundo, es decir, de 41 millones de personas”, analizó Rivarola, quien señaló que el tercer ítem, compuesto por otras pandemias, como la influenza y su virus en constante mutación, “son también parte de las preocupaciones modernas de la medicina tradicional”.

“El mundo enfrentará otra pandemia de influenza, aunque no se sabe cuándo llegará y qué tan grave será, pronostica la OMS -alertó el organismo-. Las defensas globales serán tan efectivas como el más débil de los eslabones en un sistema de preparación para emergencia y respuesta en cualquier país”.

El 22% de la población mundial vive en lugares donde las crisis prolongadas y los servicios de salud débiles los dejan sin acceso a la atención básica (Shutterstock)

La OMS supervisa constantemente la circulación de los virus de la influenza para detectar posibles cepas pandémicas: 153 instituciones en 114 países participan en la vigilancia y respuesta globales.

Más de 1.600 millones de personas (22% de la población mundial) viven en lugares donde las crisis prolongadas (a través de una combinación de desafíos como la sequía, el hambre, los conflictos y el desplazamiento de la población) y los servicios de salud débiles los dejan sin acceso a la atención básica, y ésa es otra de las amenazas que enumeró el organismo.

Los entornos frágiles existen en casi todas las regiones del mundo, y aquí es donde la mitad de los objetivos clave en los objetivos de desarrollo sostenible, incluidas la salud infantil y materna, siguen sin cumplirse”, señalaron.

El desarrollo de antibióticos, antivirales y antimaláricos son algunos de los mayores éxitos de la medicina moderna. Pero según la OMS, “el tiempo de estos medicamentos se está acabando”. “La resistencia a los antimicrobianos (la capacidad de las bacterias, parásitos, virus y hongos para resistir estos medicamentos) amenaza con devolvernos a épocas en que no podíamos tratar fácilmente infecciones como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea y la salmonelosis. La incapacidad para prevenir infecciones podría comprometer seriamente la cirugía y los procedimientos como la quimioterapia”, describieron.

El contexto en el que estalla una epidemia de un patógeno de alta amenaza como el Ébola es crítico (Shutterstock)

A su vez, analizó Rivarola, “enfermedades como el ébola u otros patógenos con alta tasa de mortalidad, o la débil atención primaria y falta de infraestructura son parte de los desafíos que reconoce el organismo y que son realidades a las que no estamos ajenos”.

En otro orden, “las dudas sobre las vacunas (la renuencia o el rechazo) amenaza con revertir el progreso realizado en la lucha contra las enfermedades prevenibles por vacunación”, puntualizó el informe. “La vacunación es una de las formas más rentables de evitar la enfermedad: actualmente previene de 2 a 3 millones de muertes por año y podrían evitarse otros 1,5 millones si se mejorara la cobertura mundial”, aseguran.

El dengue, una enfermedad transmitida por mosquitos que causa síntomas similares a la gripe y puede ser letal y matar hasta el 20% de las personas con dengue grave, representa desde hace décadas una amenaza creciente.

Se estima que el 40% del mundo está en riesgo de contraer dengue y hay alrededor de 390 millones de infecciones al año. La estrategia de la OMS tiene como objetivo reducir las muertes en un 50% para 2020.

La resistencia a los antimicrobianos amenaza con devolvernos a épocas en que no podían tratarse fácilmente infecciones como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea y la salmonelosis (Shutterstock)

Por último, “el progreso logrado contra el VIH fue enorme en cuanto a incrementar el número de personas que se realizan las pruebas, proporcionándoles antirretrovirales (22 millones están en tratamiento) y tengan acceso a medidas preventivas, como una profilaxis previa a la exposición (PrEP, que es cuando las personas en riesgo de VIH tomar antirretrovirales para prevenir la infección)”. Sin embargo, la OMS alertó que “la epidemia continúa” y que “casi un millón de personas por año mueren de VIH/SIDA”.

Desde el comienzo de la epidemia, más de 70 millones de personas contrajeron la infección y alrededor de 35 millones de personas murieron. En la actualidad, alrededor de 37 millones viven con VIH en el mundo. “Llegar a personas como trabajadoras sexuales, personas en prisión, hombres que tienen sexo con hombres o personas transgénero es un gran desafío, ya que -según el organismo- a menudo estos grupos están excluidos de los servicios de salud”.

Por otra parte, los movimientos migratorios originados por conflictos políticos, favorecen a la vulnerabilidad extrema de los más débiles, como los ancianos y los niños. “Sus efectos -cuando no se trata de migraciones planificadas y económicamente sustentadas- generan efectos irreparables en los vínculos y las emociones, derivando en un debilitamiento de las personas”, analizó Rivarola, para quien “no se debe olvidar que la concepción de salud no es sólo física, sino que la OMS reconoce la integralidad de la persona y por tanto el impacto psíquico de éstos desplazamientos genera secuelas en las comunidades”.

Y finalizó: “Sin duda, los diez desafíos prioritarios deberían constituirse como un mensaje mundial que impacte en los diferentes sistemas de salud de todos los continentes e involucren a cada país según sus posibilidades estructurales, económicas, sociales, culturales y educativas”.