29 diciembre, 2019 23:18



EDITORIAL

La noche concordiense, una radiografía de los excesos

 

La noche concordiense va tomando colores costumbres y prácticas cada vez más alejada de los «parámetros de normalidad». En la actualidad, se habla de «previa», en referencia a una franja horario que se extiende desde las 12 de la noche hasta 3 o 4 de la mañana. Allí, resulta sumamente usual  sólo dedicarse a ingerir alcohol y algunas otras sustancias para poder ingresar a los los boliches bailables, que cotizan sus entradas desde 400 hasta más de $1000.

Allí, los menores de edad por la ley, y jóvenes por la economía, les resulta imposible adquirir bebidas alcohólicas.

Abusos

La práctica pareciera un sinsentido que parte del razonamiento que resulta necesario ingresar en estado de ebriedad a la confitería y que choca con el abuso de los empresarios de la noche que venden un pequeño vaso de bebida alcohólica a $300 como mínimo. Es decir, lo que equivale al costo de la botella completa en cualquier comercio local. Abuso que se agrava aún más, en las bebidas más costosas como champagne; donde un vaso equivale al valor de una botella y media en el mercado.

El panorama da lugar a los extremos. Así, por ejemplo, hoy comienza a hablarse de «after», un fenómeno en el que el boliche bailable ya no termina cuando se apaga las luces (a las 6 de la mañana y con apenas dos horas de supuesto baile), sino que continúa en domicilios particulares, en comercios céntricos o en el lugar que «pinte», dirían algunos jóvenes que describen el fenómeno.

El «after» no es otra cosa que estirar el tiempo de consumo acompañado – recién ahora – de algo de comida hasta las 9 de la mañana y también abonando por ello precios increíblemente altos.

Luego de un recorrido de 8 a 9 horas por la noche concordiense, se pueden oír anécdotas extremas. En su mayoría dan cuenta de peligros ciertos para la vida de los jóvenes al mando de vehículos con alto grado de alcoholismo. O lo que es peor aún, de jóvenes que van como acompañantes, casi siempre los más lesionados en los accidentes.

Uno de los jóvenes que habló con este medio contó que el «after, pintó pileta». Y como todos los chicos se tiraban a la vez sin mirar quién estaba adentro faltó muy poco para que una de las jóvenes terminé ahogándose; debiendo ser asistida por pseudo paramédicos que por casualidad se encontraban cerca del lugar. En realidad, sólo se trataban de compañeros integrantes de la fiesta, con muy leves conocimientos en primeros auxilios.

El número de accidentes sigue en aumento en los jóvenes y el peligro hace ver que este número puede triplicarse exponencialmente. Sobre todo,  luego de escuchar no una, sino centenas de historias que tienen que ver con extremos casi suicidas. Incluso, si no conocieran las situaciones y el contexto en el pasan estas cosas, perfectamente se podría pensar que se trata de fenómenos suicidas.