10 marzo, 2026 12:08



Pedaleó 1.500 kilómetros desde el sur argentino para honrar la memoria de su madre

Daniel Sosa, un vecino nacido en La Criolla y radicado desde hace décadas en Cipolletti, Río Negro, protagonizó una emotiva travesía al recorrer 1.500 kilómetros en bicicleta para honrar la memoria de su madre y cumplir una promesa que le había hecho en vida.

Daniel, hoy de 56 años, había prometido a su madre Elsa que algún día iría a visitarla en bicicleta desde Cipolletti hasta La Criolla, el pago familiar de los Sosa, en el departamento Concordia. Sin embargo, no pudo concretarlo mientras ella vivía. La última vez que la vio fue antes de su fallecimiento, ocurrido en 2025, cuando Elsa ya se encontraba enferma. En aquella oportunidad, el viaje fue en colectivo.

Pero el dolor por la pérdida y el profundo amor hacia su madre lo empujaron a tomar una decisión tan dura como conmovedora: realizar igualmente el recorrido prometido, esta vez para llegar hasta el lugar donde descansan sus restos y rendirle homenaje.

Emigrar de sus raices

La historia de Daniel también es la de tantos entrerrianos que partieron en busca de trabajo. Se fue de La Criolla a los 18 años rumbo a Cipolletti para trabajar en la cosecha de peras y manzanas. Allí se quedó, construyó su vida y formó su familia. Sin embargo, nunca perdió el vínculo con sus raíces ni con los afectos que lo unían a su tierra natal.

A pesar de padecer algunos problemas de salud, especialmente en la columna, Daniel encaró el desafío con una determinación admirable. Durante 12 días pedaleó desde el sur argentino hasta Entre Ríos, enfrentando el cansancio, las inclemencias del tiempo, las ruedas pinchadas y el viento en contra.

En esa aventura no estuvo solo. Lo acompañó su sobrino Juan, de 28 años, quien se convirtió en compañero de ruta y sostén en cada tramo del recorrido. Juntos compartieron una experiencia marcada por el esfuerzo, la emoción y el sentido profundo del viaje.

Recuerdo maternal

Más allá de la magnitud de la travesía, lo verdaderamente trascendente fue el motor que la impulsó. Cada kilómetro recorrido tuvo un significado especial, porque en cada pedaleada estuvo presente el recuerdo de Elsa, la madre a la que Daniel quiso volver a abrazar de la manera que le había prometido.

Finalmente, después de 1.500 kilómetros de sacrificio y emoción, Daniel y Juan llegaron a La Criolla. Tío y sobrino completaron así una travesía riesgosa, exigente y profundamente humana, con un objetivo claro: cumplir una promesa y mantener viva la memoria de una madre.

Fuente: Ariel Mazetto – La Región Digital.