19 agosto, 2026 12:54



Detuvieron a Fernando Cerimedo: la investigación que vuelve a poner bajo la lupa las redes internacionales de manipulación política

Cerimedo, relacionado con las campañas de Javier Milei, Jair Bolsonaro y Rodrigo Paz, permanece aprehendido mientras la Justicia boliviana investiga una presunta tentativa de feminicidio.

Por Mariano Giampaolo

Fernando Cerimedo, el operador digital que trabajó en las campañas de Javier Milei, Jair Bolsonaro y Rodrigo Paz mediante granjas de bots y técnicas basadas en inteligencia artificial, se encuentra detenido en Bolivia.

El episodio, además de su gravedad en el plano penal, vuelve a colocar bajo la lupa los entramados de intervención política internacional, las estructuras de manipulación digital y sus posibles fuentes de financiamiento.

Nadia Beller recibió tres disparos de sicarios y sobrevivió porque, según relató desde la clínica donde permanece internada, fingió estar muerta.

La Fiscalía boliviana investiga una presunta tentativa de feminicidio y anunció que solicitará la detención preventiva de Cerimedo ante la existencia de riesgos de fuga y obstaculización de la investigación. Según las circunstancias relatadas, el argentino habría sido detenido cuando intentaba dirigirse hacia nuestro país.

Pero el caso no atrae solamente por sus componentes policiales, sentimentales y políticos. También vuelve a poner bajo la lupa al hombre que convirtió la manipulación digital en un servicio exportable y abre interrogantes sobre posibles tramas de financiamiento y corrupción que, de acuerdo con distintas versiones que deberán ser investigadas y acreditadas, alcanzarían a dirigentes políticos de diferentes países.

Un operador sin cargo, pero con poder

Después de la detención, el Gobierno boliviano reconoció que Cerimedo había sido un “colaborador cercano” durante la campaña de Rodrigo Paz y que continuó participando en cuestiones vinculadas con la comunicación después de la asunción presidencial, aunque sin integrar formalmente la estructura estatal.

La explicación no necesariamente despeja las dudas. Por el contrario, plantea un interrogante institucional relevante: Cerimedo habría tenido influencia sobre la comunicación gubernamental sin ser funcionario, sin aparecer formalmente en el organigrama estatal y, en consecuencia, sin quedar sometido a las mismas obligaciones de transparencia, incompatibilidad y responsabilidad que alcanzan a quienes ejercen funciones públicas.

Es una modalidad de ejercicio del poder que merece atención: intervenir sin firmar, influir sin aparecer formalmente y retirarse sin dejar demasiados rastros administrativos.

La llegada de Caputo a la Casa Rosada lo habría alejado del centro de las decisiones, aunque fuentes vinculadas al espacio libertario sostienen que su importancia continúa vigente y que ese alejamiento podría estar relacionado con su participación en otras operaciones internacionales construidas a partir de los vínculos desarrollados durante las campañas electorales.

Las granjas de cuentas artificiales

Cerimedo fundó Numen Publicidad, Academia Numen y La Derecha Diario. Esa estructura combina consultoría electoral, formación de operadores, producción de contenidos periodísticos partidarios y administración de redes.

Él mismo reconoció haber operado decenas de miles de cuentas creadas artificialmente y potenciadas mediante inteligencia artificial para influir sobre la conversación pública.

El método es simple, pero poderoso. Una red de cuentas repite un mensaje, incrementa artificialmente su circulación, intenta convertirlo en tendencia y fabrica una apariencia de mayoría. Esa tendencia puede ser posteriormente recogida por dirigentes, medios de comunicación y usuarios reales.

Primero se simula una conversación. Después, esa simulación termina condicionando la conversación verdadera. Ya no se trata solamente de difundir noticias falsas. La microsegmentación permite enviar mensajes diferentes —incluso contradictorios— según la edad, los temores, las preferencias y el perfil de cada votante.

Cada reacción alimenta el sistema. El algoritmo registra cuánto tiempo miramos un video, qué contenidos nos indignan, qué palabras buscamos y qué publicaciones compartimos.

No necesita conocer toda nuestra ideología. Le alcanza con descubrir qué estímulo puede llevarnos a desconfiar, abstenernos o votar.

La conexión con Trump y Bolsonaro

Uno de los vínculos internacionales más relevantes atribuidos a Cerimedo es Brad Parscale, exdirector digital de la campaña presidencial de Donald Trump en 2016 y posteriormente jefe de campaña para su reelección.

Parscale fundó Campaign Nucleus, una plataforma que integra datos electorales, publicidad, donantes y herramientas de organización de campañas. Cerimedo se presentó como representante regional de esas tecnologías y afirmó que Parscale había desarrollado parte de la infraestructura con la que trabaja.

El consultor argentino también mantiene vínculos con Eduardo Bolsonaro, participó como expositor en encuentros de la CPAC y se asoció con el comunicador español Javier Negre para expandir La Derecha Diario.

Estos antecedentes permiten, al menos, observar la existencia de una trama transnacional de dirigentes, medios, consultores y plataformas que utilizan y adaptan determinadas técnicas de comunicación política a diferentes países.

Desde los centros de poder se exportan tecnología, capacidad de procesamiento y herramientas de segmentación.

Los operadores locales aportan candidatos, conflictos sociales, resentimientos, información territorial y conocimiento sobre los públicos sobre los que esas herramientas serán utilizadas.

Brasil: preparar el desconocimiento de una derrota

Después de la derrota de Jair Bolsonaro en 2022, Cerimedo difundió una transmisión titulada “Brasil fue robado” y presentó un documento en el que denunciaba supuestas anomalías en las urnas electrónicas.

El Tribunal Superior Electoral de Brasil rechazó esas afirmaciones. Posteriormente, la Policía Federal ubicó a Cerimedo dentro del denominado “núcleo de desinformación y ataques al sistema electoral”, en el marco de la investigación sobre la trama golpista.

El episodio permite observar que la desinformación no necesariamente busca solamente favorecer electoralmente a un candidato. También puede utilizarse para preparar el desconocimiento de una derrota, instalar anticipadamente sospechas de fraude y erosionar la confianza pública en el sistema democrático.

¿Los trolls reemplazaron a los tanques?

Los golpes de Estado tradicionales no desaparecieron. Pero hoy existen mecanismos mucho menos visibles para intentar condicionar gobiernos, elecciones y decisiones colectivas.

La nueva secuencia combina datos personales, microsegmentación, mensajes emocionales, cuentas artificiales, medios ideológicos y denuncias anticipadas de fraude. Antes, la injerencia sobre otros países podía manifestarse mediante financiamiento clandestino, entrenamiento militar y operaciones de inteligencia.

Hoy también puede presentarse bajo la apariencia de software electoral, consultoría política, plataformas digitales, medios de comunicación y granjas de cuentas. No siempre se intenta imponer un programa económico mediante un decreto militar.

A veces se procura fabricar previamente el sentido común necesario para que ese mismo programa sea aceptado electoralmente.

La diferencia no es menor. Una cosa es imponer una decisión por la fuerza. Otra, más sofisticada, consiste en intentar modificar previamente las condiciones bajo las cuales una sociedad toma sus decisiones.

Algoritmos, energía y recursos naturales

La inteligencia artificial suele presentarse como una tecnología casi inmaterial. No lo es. Depende de centros de datos, redes eléctricas, agua, chips, cobre, litio y otros minerales críticos. El crecimiento acelerado de los sistemas de inteligencia artificial está incrementando considerablemente la demanda de energía y capacidad de cómputo a escala global.

En ese contexto, la Argentina adquiere un valor estratégico por sus recursos energéticos, su territorio y sus reservas minerales. Esa circunstancia también obliga a observar con atención el creciente interés de grandes actores tecnológicos y financieros internacionales sobre el país.

La oportunidad tecnológica puede ser enorme. Pero debe discutirse bajo condiciones transparentes: generación de empleo nacional, transferencia de conocimiento, protección ambiental, tributación adecuada y soberanía sobre los datos.

Porque quien controla la información necesita también controlar —o garantizarse el acceso a— energía, capacidad de cómputo y cadenas de suministro. La discusión sobre inteligencia artificial, entonces, no es solamente tecnológica. También es económica, política y geopolítica.

Mirar más allá del personaje

La investigación boliviana debe avanzar garantizando protección para Nadia Beller, independencia judicial, transparencia y pleno respeto por el derecho de defensa de Fernando Cerimedo.

La responsabilidad penal deberá ser determinada por la Justicia y no por los medios de comunicación. Pero la relevancia pública de Cerimedo no comienza ni termina en esta causa.

Su trayectoria permite observar una industria regional de la influencia política que se desplaza entre campañas electorales, empresas privadas, medios de comunicación y gobiernos, muchas veces en zonas donde los controles institucionales resultan insuficientes.

La democracia no debe responder a este fenómeno con censura ni con propaganda oficial. Debe responder con más democracia.

Eso significa exigir transparencia sobre los contratos de consultoría política, las fuentes de financiamiento, las relaciones entre operadores privados y funcionarios públicos, la utilización de datos personales, el funcionamiento de las plataformas y el empleo de cuentas artificiales destinadas a influir sobre la conversación pública.

Cerimedo puede ser el protagonista ocasional. El verdadero problema es la estructura. Los tanques eran visibles. Los algoritmos, los contratos, las bases de datos y las granjas de cuentas no siempre lo son.

Por eso, quizás la pregunta más importante de nuestro tiempo ya no sea solamente quién gobierna un país. También necesitamos saber quién gobierna los algoritmos que intentan dirigir nuestras decisiones sin que siquiera lo advirtamos.